J.A.F. PRODUCCIONES - El sueño de hacer lo que te apasiona

Estrena su primer cortometraje ¿Bailamos?

Retrato de Familia 2.0

¿Te acuerdas de cómo estábamos en 2013? Con la cabeza agachada mirando a una pantalla, sería una foto bastante representativa de cómo nos veíamos en ese año. Me entristece mucho ver familias enteras en una misma habitación cada una mirando un teléfono, tableta u ordenador. Aún recuerdo con nostalgia aquellas noches de invierno cuando nos poníamos todos juntos, al lado de la chimenea, a mirar la televisión. En realidad nunca he tenido chimenea, pero la escena lo requería. Y es que es lo mismo de horrible, quizás nos hemos acostumbrado, quizás como no podíamos llevar una televisión pequeña a todas partes, lo vemos de forma diferente, quizás el mirar hacia abajo tiene  connotaciones peyorativas que el mirar de frente o a un lado no y lo percatamos de forma distinta, pero es la misma...esencia.

 

La comunicación entre personas a miles de kilómetros se va facilitando a la vez que la comunicación con personas en la misma habitación se hace más escasa e inexpresiva sin e-moticons. Las ventajas de ver todos la televisión, es que se compartía el contenido y después se podían abrir debates o recurrir a ejemplos de algo que sabíamos que teníamos en nuestro archivo común y cada uno con su teléfono se sumerge en un mundo diferente. Pero en el fondo creo que es igual de horrible, sobretodo porque nos saturan con contenidos inútiles, manipuladores y dañinos, nos roban perspectiva y alejan de lo cercano. Eso no quiere decir que cualquier cosa que aparezca por una pantalla sea malo, pero el porcentaje es demasiado elevado como para no ser contraindicado.

 

Cuando conocí a mi mujer, alemana en Granada, le hice referencia a una serie americana mundialmente conocida. Ella me dijo que no la conocía, y me quedé bastante sorprendido. Argumentó que no tenían TV en su piso de estudiantes y pensé en ese momento "Deben de ser muy pobres" cuando en ese momento en España se estilaba una televisión por habitación (ya no se compartían contenidos). Mis primeras visitas a pisos de estudiantes en Leipzig (antigua Alemania comunista) me dejaron maravillado. No existían los salones (donde acoplar plácidamente una tele) sino que el cuarto común era la cocina, donde siempre había gente, normalmente estudiantes de diferentes facultades, conversando y discutiendo. Debería ser "el milagro alemán" y  lo contrasté directamente con pisos donde las mentes lúcidas universitarias se sentaban frente a programas del corazón en España. Pero fue un espejismo, en Alemania, no es lo más habitual, y sólo en los ambientes donde se movía „mein Schatz“. Pero era tan bonito, que decidí guardármelo bien en la retina y los dos hemisferios, y sin dejar de pensar que la TV fue un invento de propaganda nazi, creo que no ha cambiado demasiado el objetivo y sería maravilloso, prescindir de ellos, al menos, una gran parte de nuestro tiempo.

 

Posteriormente a esa conversación, una vez tuve la suerte de visitar con mi padre un poblado en la selva de Argentina, cerca de Iguazú. Mi padre estuvo bastante callado durante toda la visita y en un momento dado le pregunté si le pasaba algo. Él me dijo que le daba mucha pena ver a los niños descalzos. Yo me había fijado en una parte más lejana al suelo que los pies. Me había fijado en la sonrisa que desprendían. Se les veía felices, con sus necesidades (y con esto me refiero a sus necesidades fisioiológicas y sociales) cubiertas y disfrutando de sus niñez. El guía que vivía en el poblado, nos dijo orgulloso que en unos meses pondría en su choza una televisión. “Ese será el momento en el que empezaréis a ser infelices, deseando tener cosas que no necesitáis, donde os enseñen sólo una cara de la moneda” fue lo que pensé y callé.

 

Yo veo la TV (realmente, veo contenidos de TV en el ordenador) y mis hijas también, pero selecciono cuidadosamente los contenidos y los veo con ella, haciendo pausas para hacer reflexiones críticas sobre lo que ocurre. No creo que sea cuestión de prohibir, de aislar, es cuestión de ir enseñándoles a ver.

 

En cualquier caso, no puedo tirar la primera piedra, soy culpable, así que para el 2014, uno de mis propósitos es pasar menos tiempo con las radiaciones  cerca de mi cara, porque soy consciente de que la vida es aquello que ocurre fuera de los límites de una pantalla.